Liber Gomorrhianus

4 Junio, 2017 – Espiritualidad digital

Un beso de Amor

Cuando dos enamorados se besan, se entregan el aliento. Es como si el interior de cada uno fuera regalado al interior del otro. ¿No esconde un beso de amor el deseo de dar la vida, y seguir viviendo en el interior del ser amado?

Me he acordado de «La dama de las camelias» (George Cuckor, 1936). La mejor Greta Garbo de toda su carrera le dice a Robert Taylor: «Quizá sea mejor que viva en tu corazón, donde el mundo no me vea». ¡Cuántas veces le habré dicho yo lo mismo al Señor!

Pero, sobre todo, me he acordado del primer verso del Cantar de los Cantares: Que me bese con el beso de su boca (Ct 1, 1). Porque el Espíritu Santo no es sino el beso de Cristo.

Sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo». Al soplar, entrega Jesús su aliento al alma amada, igual que se entrega el enamorado en un beso. Y, si el alma recibe ese beso, Cristo vive dentro de ella, porque el Paráclito es Espíritu del Hijo, como también lo es del Padre.

En conservar ese beso, en guardarlo y dejarse transformar amorosamente por él, consiste la santificación del cristiano.

(PENTA)