Liber Gomorrhianus

28 Mayo, 2017 – Espiritualidad digital

Sobre bebés y alumbramientos

Vuelve Jesús al cielo. Y, aunque vuelve con la satisfacción del deber cumplido, no deja en esta tierra una Iglesia consolidada y perfecta, sino un pueblo de Dios muy pequeño, muy débil y lleno de imperfecciones.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

Eran pocos, y poca era su fe. Le habían visto hacer milagros, le habían visto morir, lo habían visto resucitado, y aún dudaban ante su misma presencia. Sin embargo, Jesús no vuelve al cielo preocupado, ni parece un fracasado que desiste de su empeño. Vuelve gozoso y triunfante. Sabe que deja en la tierra un bebé, una criaturita frágil y pequeña. Pero sabe también que esa pequeña criatura, animada por su Espíritu, llenará el Orbe y la Historia, porque es su esposa inmaculada.

La Ascensión del Señor es sólo el final de un tiempo en que los hombres pudieron ver el rostro de Dios sobre la tierra. Pero, por encima de eso, es el comienzo de la era del Espíritu. En ella hemos sido dados a luz por la Iglesia. Y, aunque añoramos ese rostro que aún permanece velado, quisiéramos también ser fecundados por el Paráclito y alumbrar hijos, muchos hijos para Dios. ¡Ven, Espíritu Santo!

(ASCA)