Liber Gomorrhianus

26 Mayo, 2017 – Espiritualidad digital

Esa alegría que nadie nos puede quitar

En varias ocasiones, durante el discurso de despedida de Jesús que estamos escuchando en estos días de Pascua, el Señor anuncia que volverá. Rápidamente vuela el corazón al día final, cuando cielos y tierra se desintegren y el Hijo del hombre aparezca sobre las nubes para instaurar su reino.

Sin embargo, esas palabras no se cumplirán sólo entonces. Se cumplen hoy, si somos fieles.

Volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Volvió después de resucitar, y se apareció a los suyos, dejando en sus almas un gozo inalterable. Y vuelve a nosotros, a cada uno, con la llegada del Espíritu a nuestras almas. Es su Espíritu el que viene a habitar en el cristiano, y así, nos convierte en morada suya y nos bendice con el gozo y la paz, frutos ambos del Paráclito.

La alegría del Espíritu no puede ser arrebatada porque sabe convivir con el dolor, con la tristeza y con la muerte misma. La luz natural no puede cohabitar con las tinieblas. Pero la luz del alma sí puede coexistir con la enfermedad, la soledad o las lágrimas. Y, entonces, el dolor se vuelve dulce, porque queda perfumado de Amor.

(TP06V)