Evangelio 2018

24 mayo, 2017 – Espiritualidad digital

La modestia de Dios

El que un hombre sea modesto es admirable, porque muy pocos lo son, pero se comprende. ¡Somos tan poca cosa! Lo realmente sobrecogedor es la modestia de Dios. Quizá es el último a quien le pediríamos que fuese modesto, porque nadie está sobre Él. Y, sin embargo, hay entre las tres divinas personas tal modestia que el sólo atisbarla hace estremecer.

Dice el Hijo –lo hemos oído muchas veces estos últimos días– que Él nunca hace ni dice nada por su cuenta. Habla y actúa según le muestra su Padre. Y el Espíritu –nos anuncia hoy el Señor– no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye. ¡Nadie parece darse importancia en esta concurrencia de personas divinas! Y, por si alguno pensase que, al menos, el Padre hace ostentación de lo suyo como fuente y origen de todo, prosigue hoy el Señor: Todo lo que tiene el Padre es mío. De modo que también el Padre entrega lo suyo sin darse importancia.

¡Qué ridículos quedamos, en comparación, los seres humanos! Siempre queremos vender nuestra marca, y dejar claro ante todos nuestra originalidad, para ensalzar nuestra imagen. ¡Cuánta inmodestia! Si tanto quieres encumbrarte, sé como Dios. Sé modesto.

(TP06X)