Liber Gomorrhianus

23 Mayo, 2017 – Espiritualidad digital

Los hijos de Dios no mueren

Jesús nunca dijo «me muero». Cuando se refirió a su Pasión, anunció más bien que entregaría la vida (Cf. Jn 10, 18). Otras veces, como en el evangelio de hoy, habló de su muerte como una vuelta al Padre: Ahora me voy al que me envió.

Un hijo de Dios nunca muere. Un hijo de Dios entrega su vida. Si pasas tus días huyendo de todo aquello que te hace sufrir, y defendiéndote de las personas que vienen a quitarte la vida, no vivirás como hijo de Dios, sino como un pobre animalito empeñado en sobrevivir. Entonces, un día, morirás. Y lo harás como un fracasado, que, al final, perdió la partida y fue alcanzado por la muerte.

Pero, si no te defiendes, si eres generoso y te dejas comer, si entregas tu vida a quienes vienen a buscarla, no morirás. El día en que salgas de este mundo, lo harás para volver a Cristo, de cuyo costado naciste. Y quienes te recuerden no dirán: «se ha muerto»; eso se dice de los animales. Si has vivido como un hijo de Dios, quienes te recuerden dirán: «Ha entregado la vida. Ha vuelto a Cristo, su Amor».

Vale la pena. ¿No?

(TP06M)