Liber Gomorrhianus

22 Mayo, 2017 – Espiritualidad digital

Rojo por el fuego. Rojo por la sangre

¿Te has preguntado alguna vez por qué el color litúrgico del Espíritu Santo es el rojo, el mismo color de los mártires? Fácil sería decir que el rojo de los mártires es el de la sangre, mientras el rojo del Espíritu es el del fuego. Pero más acertado será afirmar que el que viene como fuego al corazón del cristiano se acaba manifestando al mundo a través de la sangre.

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio. El testimonio del Paráclito en el corazón del cristiano es dulce. Trae el recuerdo vivo del Señor, y, con el recuerdo, la presencia misma del Padre y del Hijo. El alma se llena de una inefable suavidad, y el cristiano se recoge dentro de sí para descansar sólo en Dios como descansa un niño en el regazo de su madre.

Pero el mismo Espíritu abrasa por dentro las entrañas. Había en mis entrañas como fuego –dice Jeremías–. Yo intentaba sofocarlo, y no podía (Jr 20, 9). Entonces el testimonio del Espíritu se vuelve oprobio para el cristiano, y el mundo recibe al siervo como recibió al Señor. El rojo, ahora, es el de la sangre.

(TP06L)