Evangelio 2018

21 mayo, 2017 – Espiritualidad digital

Haz que vean los que no ven

El discípulo de Cristo está en el mundo, vive en el mundo, ríe y llora en el mundo, y ama al mundo… Pero no es del mundo. Podría decirse que el discípulo de Cristo está en el mundo, pero no es –¡no debe ser nunca!– mundano.

El mundo no puede recibirlo (al Paráclito), porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora en vosotrosEl mundo no me verá, pero vosotros me veréis. La diferencia esencial entre los cristianos y el mundo radica en la fe. El mundo no puede recibir al Espíritu porque, al no admitir más que lo que entra por los sentidos, no lo ve. Esa torpeza de quien sólo mira por los ojos mueve a Cristo a lamentarse de que, después de su ascensión, el mundo no me verá. Está ciego. Sólo la fe permite al cristiano ver a Cristo, presente en la Eucaristía y también presente en el alma en gracia por su Espíritu.

¿Cómo haremos nosotros que ese mundo, que sólo mira por los ojos, vea? Mostrando a Cristo ante sus ojos. ¡Seamos nosotros otros cristos! Y, al vernos, muchos ciegos recobrarán la vista. Entonces, cuando vean, se confesarán.

(TPA06)