Evangelio 2018

19 mayo, 2017 – Espiritualidad digital

No te admiro; te felicito

¡Qué ridículos somos cuando convertimos en heroicidades humanas las misericordias de Dios! Ingresa una joven en un convento, y familiares y amigos se pasman: «¡Con lo guapa y lista que es! Podría haber conseguido lo que quisiera, podría haber llegado más lejos que nadie, y elige la pobreza de un monasterio». Reciben unos jóvenes el sacramento de la confirmación, y, en ocasiones, hasta el celebrante los ensalza: «Estos jóvenes han dicho que sí a Jesucristo, a pesar de las seducciones del mundo. Tienen mucho mérito». Cuando nos lo proponemos, podemos alcanzar grandes logros en el campo de la idiocia.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido. ¿Acaso se edifica un monumento a quien abre la ventana para que entre el sol? Más bien, habría que castigarlo si no lo hace y nos deja a todos a oscuras. Decir «sí» a un Dios que, en su misericordia, te ha elegido, tiene el mismo mérito que abrir la puerta y dejarlo entrar. La dicha es que Él entre y llene la casa.

A quien dice «sí» no le admira; se le felicita por haber sido elegido. ¡Ay de él –y de nosotros– si dijera «no»!

(TP05V)