Evangelio 2018

13 mayo, 2017 – Espiritualidad digital

Te pido a Ti por Ti

Decir, simplemente, «Dios», es como mirar de lejos. Un cristiano debería tener el atrevimiento de un niño y acercarse más.

Cuando lo contemplas más de cerca, dices «Padre» («Papá»), dices «Hijo» («Jesús»), y dices «Espíritu Santo» (el que dice «Papá» y dice «Jesús»). Ya no le pides a Dios, sino que eres un niño que, movido por el Amor, pides al Padre a través del Niño.

Lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Esa gloria –ya lo sabes– es el Espíritu, el mismo que te permite pronunciar el nombre.

Pero mucho más asombroso es lo que sigue: Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. No dice «si le pedís algo al Padre en mi nombre», sino si me pedís algo en mi nombre. ¿Te pediré a Ti, Jesús, en tu propio nombre?

¡Asombroso misterio de la Santísima Trinidad! Tanto se identifica el Hijo con el Padre, que pedirle al Padre es pedirle al Hijo, y el propio Hijo recibe, a la vez que el Padre, la oración que en su nombre se eleva.

No escribo esto para que hagas nada. Sólo para que contemples. ¡Qué maravilla!

(TP04S)