Evangelio 2018

4 mayo, 2017 – Espiritualidad digital

Los dones de Dios, y Dios mismo

El maná, que los hebreos comieron en el desierto durante cuarenta años, era un don excelso de Dios. Pero Jesús, al referirse a la Eucaristía, a la vez que la compara con aquel alimento, marca entre ambos una diferencia abismal: mientras el maná era un regalo del Altísimo, la Eucaristía en Dios mismo que se entrega.

Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron (…) El que coma de este pan vivirá para siempre.

«Señor, concédele trabajo a mi hijo… Señor, sana a mi padre de esta enfermedad… Señor, pon paz en mi matrimonio» … Hacéis bien en pedirlo, y Dios sabrá daros cuanto necesitéis. Pero no os apeguéis a los dones de Dios, porque esos dones, ni os harán santos, ni os darán vida eterna. Simplemente, os harán más fácil el paso por esta tierra. Y, si Dios no estima oportuno concederos cuanto pedís, no se lo reprochéis; es que no lo necesitáis.

Apegaos, sin embargo, con todas vuestras fuerzas, a Dios mismo entregado por Amor. Porque Él es vuestra salvación y vuestra vida: «Señor, que no pase yo un solo día sin comulgar… Señor, que jamás me separe de ti». ¡He ahí la oración más valiosa!

(TP03J)