Evangelio 2018

3 mayo, 2017 – Espiritualidad digital

El síndrome de Tomás

Podríamos muy bien llamarlo «el síndrome de Tomás»: lo que no veo y no toco, no existe. Bajo esta mentalidad se oculta una triste antropología: soy un cuerpo dotado de mente; nada más. Un animal evolucionado capaz de procesar datos de experiencia empírica. Lo más parecido a un híbrido entre el animal y el ordenador.

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre, y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?».

También Felipe pensaba que la única forma de ver al Padre consistía en que se hiciese visible a los ojos. Pero Jesús emplea el verbo «ver» dos veces, y marca un abismo entre ellas: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. «Mientras me ves a mí con los ojos del cuerpo, verás al Padre con los ojos del alma, con la fe. Tienes alma, Felipe, no eres un animal ni un ordenador».

Creo haberlo escrito hace poco: los sentidos marcan sólo el inicio del camino, pero la relación con Dios, en este nuevo orden abierto desde la Pascua, se establece en el espíritu.

Es consolador que tanto Tomás como Felipe sean santos. El «síndrome de Tomás» se cura.

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