Evangelio 2018

2 mayo, 2017 – Espiritualidad digital

No voy a ser yo menos

Seamos justos con Tomás, el apóstol «incrédulo», y otorguémosle su parte de razón. Fue ignorancia disculpable el querer ver y tocar, porque el trato con Jesús resucitado, aunque atraviesa los sentidos, no se consuma sino en el espíritu. Pero fue razonable, muy razonable, al dar a entender que, para creer en la resurrección del Señor, necesitaba encontrarse con Él. ¿Quién puede culparle por ello? La noticia de que Jesús ha vencido a la muerte es, en sí misma, un anuncio jubiloso. Pero, si yo no me encuentro con ese Cristo, mi alegría no será completa. Tomás lo encontró, como María, los de Emaús, y el resto de los Once. ¿Seré yo menos? Decidme dónde me espera, y acudiré allí.

Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.

Allí está: en la Eucaristía. Allí me espera. Debí sospecharlo. ¿Acaso no comió con los de Emaús, y después con los Once? ¿No comió también con ellos a orillas del lago? No; no seré yo menos que aquellos primeros. Jesús quiere comer conmigo, y dárseme a Sí mismo en alimento.

Es difícil imaginar la Pascua sin Eucaristía.

(TP03M)