Liber Gomorrhianus

28 Abril, 2017 – Espiritualidad digital

El guardián de mi hermano

Después de haber matado a su hermano, Caín tuvo que escuchar cómo Dios le preguntaba por Abel. No quiero ni imaginar lo que sintió aquel primer homicida al ser preguntado por el paradero de su víctima. Pero no necesito imaginar lo que respondió, porque todos lo sabemos. Es una de las frases más cínicas de toda la Escritura: No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano? (Gn 4, 9).

¿Con qué compraremos panes para que coman estos?, preguntó Jesús. Él, que morirá a manos de los hombres como un nuevo Abel, sí es el guardián de sus hermanos. Más que guardián: es el Pastor. Y el Pastor se preocupa por el hambre de las ovejas, como también se preocupa por su vida. Está dispuesto a morir para que ellas vivan, y convertirse en pasto para que ellas coman.

¿Y tú? Mira a tu alrededor. Estás rodeado de almas que mueren de hambre porque no conocen a Cristo. ¿Eres tú el guardián de tu hermano, o no lo eres? ¿No te preocupa que tus vecinos, tus amigos, o tus familiares vivan sin Dios? ¿Te da igual que se condenen? ¿No te acercarás a ellos para ofrecerles Pan y Vida?

(TP02V)