Liber Gomorrhianus

25 Abril, 2017 – Espiritualidad digital

Inexpugnables

De cuando en cuando, alguien se acerca tembloroso y me llora: «Padre, creo que me han hecho un maleficio… Me han “echado mal de ojo”… Soy víctima de una maldición…» Después, me piden un exorcismo, o una oración de liberación. Gran parte de las veces, lo que buscan es que les deje de doler la pierna, que puedan vender una casa, o que encuentren trabajo de nuevo, calamidades asociadas por ellos al supuesto maleficio.

¿No ha dicho el Señor: A los que crean, los acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre? No todos los que creen son exorcistas (aunque espero que todos los exorcistas crean). El exorcista expulsa al demonio cuando ha entrado. Pero quien tiene fe lo expulsa antes de que entre. Para los limpios, todo es limpio (Tt 1, 15), dice san Pablo. Quien está limpio, vive en gracia de Dios, tiene fe y ama al Señor, no debe temer maleficio alguno. Aunque pronunciaran sobre él cientos de maldiciones, los demonios quedarían fuera. Podrán quitarle el trabajo o la salud, podrán ocasionarle sufrimientos sin número, pero eso al limpio lo une a la Cruz. A su alma no pueden ni rozarla. Una persona así no necesita exorcismos.

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