Evangelio 2018

21 abril, 2017 – Espiritualidad digital

Sobre el rostro de Jesús resucitado

Ese «mirar dos veces» con que los apóstoles escrutan el rostro del Señor resucitado, es fascinante. María lo toma al principio por el hortelano, los de Emaús creen que es un peregrino, los Doce lo confunden con un fantasma… Y hoy, junto al Mar de Galilea ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Pero, si no se atrevían, es porque estaban tentados de preguntarle.

El rostro de Jesús había cambiado. Era el mismo rostro, pero sus rasgos no eran los que ellos recordaban. No debería extrañarnos. El que un cuerpo humano escape de las redes del tiempo para ingresar en la eternidad tiene que conllevar, necesariamente, cierta alteración. En muchas ocasiones, y precisamente al meditar este pasaje, lo he imaginado más mayor, con los cabellos y la barba ligeramente canos. ¿No ha sufrido la Historia entera en la Cruz? ¿Qué tendría, pues de extraño, el que reflejase en su semblante la experiencia de la ancianidad? También han desaparecido los rictus de la tensión, la angustia y el dolor. Ya sólo hay paz en ese rostro.

Y, sin embargo, más que nunca, las palabras de Juan son verdaderas: Es el Señor.

(TP01V)