“Evangelio

3 Abril, 2017 – Espiritualidad digital

Viejos y ancianos

No significa lo mismo, en español, «viejo» que «anciano».

En el «viejo», el tiempo ha producido un deterioro. De hecho, esta palabra no se aplica sólo a personas. Hay muebles viejos, películas viejas, árboles viejos y viejos trucos que ya no engañan a nadie.

En el «anciano», sin embargo, el tiempo ha producido el efecto contrario: la acumulación de experiencias le ha dotado de sabiduría. Sólo el hombre es «anciano».

En la Escritura, más que el tiempo, es el pecado el que envejece y corrompe a los hombres. San Pablo habla del «hombre viejo» para referirse al pecador decrépito que llevamos dentro. También la ancianidad, en la Escritura, escapa del tiempo; es la sabiduría divina la que convierte al hombre en anciano. Siendo niño, Daniel fue nombrado anciano. Y el presbítero, aunque tenga veinticuatro años, es ya anciano.

Cuando Jesús invita a arrojar la primera piedra sobre la mujer adúltera a quien se encuentre libre de pecado, los acusadores se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Ya se ve que la edad los había tratado mal.

Tú no envejezcas nunca. Mantente joven en la presencia de Dios. Pero te deseo que llegues a anciano cuanto antes.

(TC05L)