“Evangelio

20 Marzo, 2017 – Espiritualidad digital

Esposo y padre. Desagraviando

El escrúpulo, en la piedad, es un peligro. Para salvaguardar la virginidad de María, algunos representaron a san José como un ancianito, y al esposo de María le negaron el privilegio de la juventud.

 Al pobre José le ha tocado también cargar con uno de los nombres más horribles que jamás ha producido el retorcimiento hispanohablante: «padre putativo». Por más que lo hayan abreviado en Pepe (P.P.), sigue siendo un calificativo horripilante. Creo que una buena parte de la santidad de José consiste en no quejarse del trato que le hemos dado. Quisiera desagraviar.

José fue esposo, y muy esposo de María. La amó con verdadero y santo amor. La amó como un hombre joven ama a una mujer joven. Y tanto la amó, que sacrificó su instinto para preservar la virginidad del amor de su vida. La castidad de José fue apasionada.

José fue padre, y muy padre, de Jesús. Lo educó, lo amó como un padre ama a su hijo, y escuchó cómo Jesús le llamaba «Abbá». El que la generación biológica de Cristo fuera obra del Espíritu Santo nada restó a la paternidad de José.

Esposo y padre. Así debemos venerarlo. Desagraviemos tanto escrúpulo en la piedad.

(1903)