Liber Gomorrhianus

4 Marzo, 2017 – Espiritualidad digital

Un banquete muy digno de una Cuaresma

No es muy cuaresmal, ¿verdad? Si tuvieras que pintar un cuadro que reflejase el espíritu de la Cuaresma, seguramente dibujarías un desierto, o, quizás, el monte Calvario. Pero una cena con la mesa llena de viandas, las jarras llenas de vino, y la habitación repleta de personas «de mal vivir»… No parece lo más adecuado.

Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros.

Lo que convierte esta escena en un escenario cuaresmal es la presencia del Señor. Y, también, el motivo de la celebración: Leví había escuchado la llamada de Cristo, y había decidido dejar cuanto tenía para marcharse con Él. No está enterrando la sardina; está compartiendo la alegría de una vida nueva.

No existe otra forma de vivir la Cuaresma. Quien lo deja todo para seguir a Jesús, y lo hace llorando, como quien realiza un terrible esfuerzo, no es digno del reino de los cielos. La verdadera conversión es la de quien se enamora, y arroja por la borda cuanto tiene lleno de alegría para seguir al Amado.

La Cuaresma es Cristo que llama y enamora. La ascética viene después.

(TC0S)