Liber Gomorrhianus

23 Febrero, 2017 – Espiritualidad digital

Café, mejor que agua

Había salido a las cinco de la mañana de viaje, y eso de las nueve aparqué en un bar de carretera para tomar café. Siempre llevo puesto el alzacuellos. Cuando me disponía a pagar, un hombre que se sentaba a mi lado dijo al camarero: «Al sacerdote lo invito yo». Le di las gracias sorprendido. La mayor parte de las reacciones que suscita mi alzacuellos es bastante más desagradable.

Volvía en tren a casa a eso de las cuatro de la tarde y, aunque iba leyendo, apenas podía contener el sueño. Debí dar más de tres o cuatro cabezadas. Cuando el vagón se detuvo en una parada intermedia, una mano en mi hombro me despertó. Un joven de unos quince años me entregó un billete de cinco euros mientras me decía: «Tenga, padre, para un café». A éste no pude ni darle las gracias, aunque lo intenté, pero bajó corriendo del tren. Ofrecí por él la misa de la tarde.

El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. A estos dos, que dieron café a un sacerdote, estoy seguro de que les espera una recompensa mayor.

(TOI17J)