Liber Gomorrhianus

17 Febrero, 2017 – Espiritualidad digital

El cristianismo vergonzante

«¡Qué pesados, los ateos! ¡No paran de hablar de Dios!». Pero el mundo se siente mejor con cristianos que no hablen de Dios que con ateos que no dejan de mencionarlo.

Quien se avergüence de mí y de mis palabras, en esta generación descreída y malvada, también el Hijo del hombre se avergonzará de él.

El triunfo del mundo no consiste en llenarse de ateos, sino en mantener a los cristianos en perpetua vergüenza. Y así, cuando un cristiano abre la boca, debe pedir perdón por la Inquisición, por la evangelización de América, por la pederastia, por la excomunión de Lutero y hasta por la Madre que lo parió. Habla una monja para dudar de la virginidad de María, y todos los medios aplauden. Abre la boca un obispo pidiendo perdón por la pederastia de los sacerdotes, y la ovación es generalizada.

¿Qué nos ha pasado? ¿Nadie gritará que Cristo, a pesar de nuestros pecados, ha vencido al mundo? ¿Nadie gritará que cientos de miles de sacerdotes entregan sus vidas silenciosamente en sus parroquias, entregados a sus feligreses? ¿Nadie gritará que tenemos vida eterna para dar y tomar, mientras el mundo se precipita en la muerte?

(TOI06V)