Liber Gomorrhianus

3 Febrero, 2017 – Espiritualidad digital

Arrodillado ante los demonios

El apóstol Santiago dice sobre la lengua: La lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. Mirad qué pequeño fuego abrasa un bosque tan grande.Y la lengua es fuego, es un mundo de iniquidad; la lengua, que es uno de nuestros miembros, contamina todo el cuerpo y, encendida por la gehenna, prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos (St 3, 5–6).

Estas palabras podrían predicarse de algún otro miembro del cuerpo. Ya habréis entendido que hablo sobre la lujuria, una pasión que afecta al vientre, pero que, cuando se apodera del hombre, entrega cuerpo y alma a la perdición.

Tras ver bailar a Salomé, Herodes perdió cuanto tenía: Pídeme lo que quieras, que te lo doy. Así humilla al hombre la lujuria: le arrebata la voluntad y lo arrodilla ante los demonios.

Después, Herodes se puso muy triste. Y es que, para más humillación, la lujuria paga con tristeza.

Pero la burla no termina ahí. Tras haber pecado, y haber quedado triste, el hombre repite. Ya no es dueño de sí. ¿Cómo podrá salvarse?

Sólo hay un remedio: oración, sacramentos, sinceridad en la dirección espiritual y obediencia. De la lujuria se sale.

(TOI04V)