Liber Gomorrhianus

2 Febrero, 2017 – Espiritualidad digital

Misterio nupcial

Hoy, en nuestras parroquias, comenzaremos la santa Misa con una procesión de candelas. A los niños les gustan esas cosas, aunque sólo sea para jugar con fuego. Quiera Dios que se acaben quemando en Amor de Dios.

En cuanto a los mayores, me pregunto si somos conscientes de lo que celebramos. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres… Esa entrada del Señor en el templo, inadvertida para casi todos, era el comienzo de la consumación de un noviazgo de siglos. Por eso, como las vírgenes prudentes, recibimos al Esposo con lámparas encendidas.

Él, el Esposo anhelado por Israel, entraba por vez primera en las entrañas de su esposa, y en la sangre de dos pichones se anunciaba la sangre con la que, en el lecho del Calvario, fecundaría a la Iglesia para hacerla madre de innumerables hijos. Ese día, preanunciado hoy, la esposa se estremecerá en un terremoto que será un grito de amor.

También nosotros, que comulgamos, recibiremos en nuestras entrañas al Esposo. Y las candelas que llevamos en las manos deberían recordarnos la necesidad de comulgar en gracia para ofrecer al Señor un templo consagrado, un alma amante en la que pueda recostar su cabeza y dormir.

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