Evangelio 2018

22 enero, 2017 – Espiritualidad digital

La lámpara y el sol

Hay dos formas posibles de iluminar una habitación oscura: encender dentro de ella una bombilla, o abrir las ventanas y dejar entrar la luz del sol.

Si enciendes una bombilla, toda la luz queda dentro de la estancia. Apetece quedarse allí, porque asumes que fuera es de noche. ¿Dónde irías? Mejor te acomodas, te sirves algo, y lees o juegas. Muchos iluminan su existencia de esta forma: tienen trabajo, tienen sus seres queridos, disfrutan del deporte y creen que no necesitan nada más. ¿Para qué romper los estrechos límites de sus vidas y salir fuera? Alguien debería avisarles de algo que quizá no sepan: las bombillas siempre se acaban fundiendo.

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande. La segunda forma de iluminar una habitación consiste en abrir las ventanas y dejar entrar al sol con toda su fuerza. La habitación, entonces, se te vuelve cárcel ante la belleza del mundo exterior. Te vistes aprisa y sales. Sucede cuando dejas que Cristo, el Sol de Dios, entre en tu vida. Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres. Lleno de ilusión, te revistes de Cristo y lo abandonas todo. Eres un aventurero de la mañana, un apóstol.

(TOA03)

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