Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

12 Enero, 2017 – Espiritualidad digital

Milagros… con permiso

Antes de comulgar, rezamos: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme». Al orar así, reconocemos el inmenso poder que contiene la palabra de Cristo a la hora de redimir al hombre.

Jesús pronuncia una palabra sobre un leproso, y la lepra se retira: Quiero; queda limpio. Pero, si esa palabra pudo desplegar todo su poder, fue porque aquel enfermo la recibió con fe. Los bancos sobre los que se sientan mis feligreses durante la misa han estado expuestos a muchas lecturas del evangelio sin inmutarse. Por desgracia, a algunos feligreses les sucede lo mismo.

La palabra de Cristo sólo sana a quien la escucha devotamente. Es preciso preparar el terreno en el interior del alma, traer –a ser posible– leídas y meditadas las lecturas cuando venimos a misa, prestar atención mientras se proclaman, y volver sobre ellas en el momento en que comulgamos, cuando el propio Jesús bendice nuestros cuerpos con su presencia.

No hay magia en la Iglesia. No existe una fuerza irresistible. Hasta que Cristo vuelva, todo su poder depende del amor con que lo acojamos y el fervor con que recibamos cada sacramento.

Cuando vuelva será distinto.

(TOI01J)

Evangelio 2017