“Evangelio

4 Enero, 2017 – Espiritualidad digital

Es limpio, y limpia. Es santo, y santifica

Lo normal, lo que dictan las leyes físicas, es que, si yo mezclo una tela limpia con diez telas manchadas de barro, la tela limpia deje de estarlo y se ensucie con el barro de las demás. La suciedad se contagia; la limpieza, no.

Con el Señor, sin embargo, las leyes físicas no parecen importar demasiado en materia de limpieza. Vino a la tierra limpio de pecado, y, mientras estaba en el seno materno, todo era limpieza. Pero, apenas nació, vivió entre hombres manchados. El hogar de Nazaret fue un pequeño refugio de santidad, aunque no era impermeable al entorno que lo rodeaba (¿por qué algunos cristianos se empeñan en vivir en «burbujas católicas»?). A los doce años, Jesús abandonó aquel hogar por vez primera y se mezcló con los hombres. Y, desde los treinta, vivió entre ellos. Sin embargo…

Este es el Cordero de Dios… Sabemos cómo sigue: El que quita el pecado del mundo. En lugar de mancharse Él, Cristo limpia a quien lo toca.

¿El secreto? Jesús no es una tela limpia entre telas manchadas. Jesús es la limpieza misma. Basta con que le dejes tocarte con su gracia y quedarás limpio tú; no se manchara Él.

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Evangelio 2017