Liber Gomorrhianus

3 Enero, 2017 – Espiritualidad digital

Un cordero, una escena, tres lugares

Así lo presenta Juan: Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Y, conforme escuchas las palabras del Bautista, mientras miras al Niño en el pesebre, se congregan en el cuerpo de un pequeño la blancura inocente del cordero y la púrpura terrible de la sangre.

Un pesebre no es sólo el comedero donde se alimentan las bestias. Cuando el Hijo de Dios se recostó en el pesebre de Belén –cuyo nombre significa «casa del pan»– ese pesebre fue altar, patena y cruz. Es lugar de sacrificio, donde se ofrece la víctima que nos obtendrá el perdón de nuestras culpas. Mi patena, con la que celebro misa cada día, es pesebre donde yace el Niño Dios.

El Santo Sacrificio ha comenzado a ofrecerse. Las primeras gotas de sangre se derraman en la circuncisión; serán preludio de un río que lavará la tierra. Y a ese pesebre, comedero de bestias, acudiremos quienes nos convertimos en peores que bestias por nuestros pecados, ya lavados en su gracia, para allí comer el Pan de vida.

¿Lo ves? Belén, el Calvario, y el altar, los tres son uno. Los reúne el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

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Evangelio 2017