Liber Gomorrhianus

Enero 2017 – Espiritualidad digital

El que sana los corazones afligidos

En ocasiones, durante la misa, pronunciamos frases que apenas hemos meditado; y eso que han salido de nuestros labios miles de veces. Pienso en esta aclamación: «Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos, ¡Señor, ten piedad!»

¿Nos damos cuenta de lo que decimos? Porque es conmovedor: Nuestros corazones están afligidos por el pecado y la muerte, y el Padre, compadecido, ha enviado a su Hijo para sanarnos. Más aún: le ha encargado que nos acompañe, que toque nuestro dolor, que camine con nosotros y nos redima.

Entró donde estaba la niña, la cogió de la mano… Era una cámara mortuoria, ocupada por un cadáver. Y allí entro Jesús a tocar la mano de aquella pequeña que había exhalado su último aliento y a calmar los corazones afligidos de sus padres. Contigo hablo, niña, levántate. Me consuela mucho el pensar que los muertos oyen la voz del Señor; no la oirían si el propio Señor no hubiera muerto para rescatarlos. La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar.

Mira al sagrario. Cuánta compañía nos hace este Hijo de Dios que no quiere separarse ni de noche ni de día de quienes tienen el corazón afligido.

(TOI04M)

Evangelio 2017

Esclavos y libres

Aquel pobre hombre, poseído por multitud de demonios, no era dueño de sí. Si, en su día, hizo algo por dejarlos entrar, fue culpable entonces de pecado, ya que le entregó al Enemigo su libertad. Pero, desde el momento en que los espíritus malignos se apoderaron de él, su propia vida dejó de estar en sus manos. Cuando le entregas tu libertad a Satanás, no sabes si la recuperarás. Decir: «No importa, mañana me confieso» es una insensatez. Muchos que lo dijeron no volvieron a confesar.

Espíritu inmundo, sal de este hombre… ¿Cómo te llamas?… Contrasta la debilidad del endemoniado con el aplomo y el autocontrol del Señor. Hasta en la Cruz, Cristo fue dueño de sí. Lo mismo ha sucedido a los santos: cada uno de sus actos de virtud ha sido fruto de una elección personal y libre, realizada muchas veces con enorme esfuerzo y, siempre, con un inmenso amor. Y es que quien le entrega su libertad a Dios no la pierde, sino que la gana. Las cadenas del pecado se rompen, y el «sí» del principio se renueva cada mañana, casi cada minuto.

No habido criatura más libre sobre la tierra que la «Esclava del Señor».

(TOI04L)

Evangelio 2017

Tienes que subir una montaña

Subió a la montaña y se puso a hablar.

Pero, antes de hablar, subiendo a la montaña ya había comenzado su discurso: «Tenéis que subir una montaña para estar conmigo».

Bienaventurados los pobres de espíritu… Los que lloran… Los mansos… Los que tienen hambre y sed de justicia… Los misericordiosos… Los limpios de corazón… Los que trabajan por la paz… Los perseguidos por causa de la justicia…

No se puede experimentar la dicha de los bienes espirituales si primero el alma no se ha liberado del apego a los bienes materiales. Es preciso ser pobre y no necesitar nada, llorar las lágrimas de Dios, renunciar a la ira, no desear sino la santidad, dejar atrás el odio, romper las cadenas de la voluptuosidad, renegar de la paz egoísta del mundo, y desentenderse de la propia imagen. Si no se escala esa montaña, es imposible gozar de la dicha celeste.

He ahí el problema del cristiano occidental: quiere seguir viviendo entre placeres terrenales, y disfrutar también los gozos del espíritu; tener todo aquí, y todo lo de allí. Reza como un santo, y vive como un pagano. Pero se engaña. Si no sube la montaña, por mucho que rece, está perdido.

(TOA04)

Evangelio 2017

Las otras barcas

Hoy, al meditar el pasaje de la tormenta en el Mar de Galilea, me he fijado en algo en lo que jamás reparé: la barca en la que Jesús dormía no era la única barca en el lago. Otras barcas lo acompañaban –dice san Marcos–.

Me he quedado pensando en esas otras barcas. Después de todo, en la barca de Pedro estaba Jesús; estaba dormido, pero estaba. Y, aunque no hiciera bien Simón en despertarlo, porque un Jesús dormido es toda una incitación a la calma en medio de la tempestad, al menos, en su angustia, Pedro pudo gritar y levantar del sueño al Hijo de Dios. Se ganó un reproche, pero fue escuchado.

En las otras barcas, sin embargo, no estaba Jesús. Y sufrieron la angustia de la tormenta sin tener un Señor a quien despertar. Sufrir sin Dios tiene que ser terrible. Viajar por la vida sin fe, sin un Cristo a quien rezar, es ir muriendo poco a poco sin esperanza alguna.

He dado gracias a Dios por tener fe; por mis padres, que me la transmitieron; y por ese Amor de Cristo que ha quedado dormido en mi alma como una invitación a la paz.

(TOI03S)

Evangelio 2017

No hay fruto si no hay Cruz

Del mismo modo que es Pastor y Cordero, Apacentador y Pasto, también Jesús es Sembrador y Semilla.

El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo

Así sembró el Hijo de Dios: durmió de noche, porque de noche se hizo un Viernes desde la hora sexta hasta la hora nona. A esa hora, se durmió Jesús sobre el lecho de la Cruz. Y, como la semilla, fue enterrado. De mañana, un Domingo, se levantó, y el árbol de la Iglesia comenzó a crecer y dar fruto, hasta hoy.

Aún no ha llegado el tiempo de la siega. Y el Sembrador quiere seguir sembrando. Por la gracia –no lo olvides– eres otro Cristo. ¿Acaso esperas cosechar sin morir primero?

Mira: con verbo elocuente, buena apariencia y medios ultramodernos de imagen y sonido podrás mover masas de gente… que se marcharán cuando pase el efecto de una siembra superficial. Habrás gastado mucho dinero para nada.

Oración y penitencia. Cruz. Duerme de noche y se levanta de mañana. Si quieres frutos para Dios, no trates de enmendarle la plana a su Hijo.

(TOI03V)

Evangelio 2017

Gente de paz y gente de «pachorra»

Estás desanimado, y no deberías estarlo. Llevas años anunciando a quienes te rodean la salvación que Cristo vino a traer al mundo, y nadie te hace caso. Asienten con la cabeza, pero, a la hora de la verdad, no están dispuestos a dar la vida como el Señor les pide. Has derramado vida eterna a tu paso, y piensas que de nada ha servido.

Te equivocas. Nada se pierde. La semilla que no da fruto cerca puede estar dando fruto lejos, muy lejos, donde menos sospechas.

Si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Se ve que no eran gente de paz, sino de «pachorra». Son cosas distintas. La gente de paz es gente de guerra, gente dispuesta a luchar para alcanzar una paz que llega tras la victoria, y que ya se experimenta en la misma lucha. Pero ellos no están dispuestos a luchar.

Recupera tu paz. Tu dolor es bueno; tu falta de esperanza, no. ¿Acaso creías que iban a hacerte más caso a ti que el que le hicieron al propio Señor?

Levántate. Tienes que continuar. Es preciso derramar vida eterna sin pedir nada a cambio. ¡Poneos en camino!

(2601)

Evangelio 2017

El drama de la libertad humana

No deja de sorprenderme el modo en que Dios ha dejado la salvación en manos de la libertad de los hombres. Es urgente que nos demos cuenta de la gravísima responsabilidad que pesa sobre nosotros.

A muchos les gustaría que esa salvación fuera obra de un decreto divino con fuerza imperativa: «¡Todo el mundo al cielo!». Pero las cosas no son así. Dios ha hecho su parte, ha jugado sus bazas, y a su propio Hijo lo ha enviado a la muerte para redimirnos a todos. Si, ahora, nosotros no respondemos, de nada habrá servido la Pasión de Cristo.

Id al mundo entero y proclamad el evangelio… ¿Y si no vamos? ¿Y si nos quedamos rezando en las iglesias y en las casas, convenciéndonos a nosotros mismos de que así agradamos a Dios? En ese caso, muchos hombres vivirán sin conocer a Cristo.

El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. ¿Y si el que se resiste a creer es buena persona, y es generoso y ayuda a su prójimo, pero no quiere admitir a Cristo en su vida? Será condenado. Sobrecogedor, pero cierto. He ahí el drama de la libertad humana.

(2501)

Evangelio 2017

El piadoso pluriempleo

Conozco personas que pasan la vida ocupados en obras buenas. En nuestras parroquias hay feligreses que se apuntan a todo: quieren dar catequesis, ayudar a los pobres, formar parte de todos los grupos de oración, asistir a todas las misas y tocar todas las campanas. El problema es que no estoy seguro de que esas personas vayan a entrar antes en el cielo merced a semejante «piadoso pluriempleo».

También tenemos a maridos indignados, mujeres enfadadas, e hijos disconformes con que papá o mamá pasen el día en los locales parroquiales y apenas les atiendan a ellos.

Y contamos, también, con muchas, muchísimas personas, que llenan bares, supermercados, gimnasios y oficinas, y que nunca han oído hablar de Cristo. Pero, como los del piadoso pluriempleo pasan el día entre el incienso y el agua bendita, nunca se acercan a ellos. ¡No quieren mancharse!

En ningún lugar está escrito que vayamos a salvarnos por emplear la vida en cosas buenas. «Cosas buenas», así dicho, hay muchas. Todas, salvo el pecado. Pero nos salvaremos por haber hecho exactamente las que Dios quiere que hagamos cada uno.

El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

(TOI03M)

Evangelio 2017

Aclárate. Deprisa

La ventaja que tienen los demonios sobre muchos hombres consiste en que esos espíritus malignos saben perfectamente lo que quieren: arrastrar en su caída a los hijos de Adán. En ese objetivo están de acuerdo todos los secuaces de Lucifer. Y con ello dan la razón al Hijo de Dios: Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.

El hombre, en cambio, muchas veces anda dividido contra sí mismo, y no sabe lo que quiere. Por un lado, desearía alcanzar los bienes eternos y gozar de las delicias celestes. Pero, como no termina de amar a Dios con todo el corazón, también desea los bienes terrenos y no está dispuesto a renunciar a ellos. Por eso dice: «Debería confesar mis pecados. Pero, si lo hago, tendré que procurar dejar de pecar, y no quiero renunciar a ese placer». «Debería rezar más. Pero, para ello, tendría que levantarme más temprano, y estoy bien en la cama. O tendría que dejar de ver la serie de televisión que tanto me gusta, y no me apetece».

Con quienes no saben lo que quieren y andan divididos, el demonio tiene ganada la partida. Aclárate, por favor.

(TOI03L)

Evangelio 2017

La lámpara y el sol

Hay dos formas posibles de iluminar una habitación oscura: encender dentro de ella una bombilla, o abrir las ventanas y dejar entrar la luz del sol.

Si enciendes una bombilla, toda la luz queda dentro de la estancia. Apetece quedarse allí, porque asumes que fuera es de noche. ¿Dónde irías? Mejor te acomodas, te sirves algo, y lees o juegas. Muchos iluminan su existencia de esta forma: tienen trabajo, tienen sus seres queridos, disfrutan del deporte y creen que no necesitan nada más. ¿Para qué romper los estrechos límites de sus vidas y salir fuera? Alguien debería avisarles de algo que quizá no sepan: las bombillas siempre se acaban fundiendo.

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande. La segunda forma de iluminar una habitación consiste en abrir las ventanas y dejar entrar al sol con toda su fuerza. La habitación, entonces, se te vuelve cárcel ante la belleza del mundo exterior. Te vistes aprisa y sales. Sucede cuando dejas que Cristo, el Sol de Dios, entre en tu vida. Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres. Lleno de ilusión, te revistes de Cristo y lo abandonas todo. Eres un aventurero de la mañana, un apóstol.

(TOA03)

Evangelio 2017