Evangelio 2018

31 diciembre, 2016 – Espiritualidad digital

Un belén viviente

Nace Jesús como hijo de Mujer –aún estamos en la octava de Navidad– y nos desvela san Juan el misterio de nuestro nuevo nacimiento como hijos de Dios: A cuantos lo recibieron les da poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

No se refiere, ahora, al nuevo nacimiento obrado por la gracia santificante, sino al obrado por la fe –a los que creen en su nombre–. Habrá que aclarar que, en san Juan, la fe es una mirada que penetra lo invisible, y descubre la divinidad de Cristo mientras los ojos se posan en su humanidad santísima.

Por tanto, mirando al Recién Nacido nacemos nosotros. Al mirarlo, lo recibimos en el santuario del alma. Y, al recibirlo, su impronta nos transforma y nos hacemos niños, como Él. Del mismo modo que Moisés, al mirar frente a frente a Dios, recibía en su rostro el brillo de la gloria, así nosotros, al mirar al Niño, niños nos hacemos. Y, al contemplarlo nacido de mujer, nacemos nosotros de Dios.

Eres un belén viviente.

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