Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

19 Noviembre, 2016 – Espiritualidad digital

Con permiso de mi ángel…

angelNunca he querido ser un ángel. Alguna vez quizá se me haya ocurrido, pero rápidamente he desechado la idea, en cuanto he reparado en que los ángeles no tienen labios, y yo me muero por darle un beso a la Virgen; no tienen boca, y mi mayor deleite es comulgar. Quiero y venero a mi ángel custodio, pero ya le he dicho que, al menos en eso, no deseo ser como él.

¿Debería entristecerme, por tanto, la noticia de que los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección (…) son como ángeles? En absoluto. Al contrario, me llena de esperanza. Porque, si bien estoy encantado con mi cuerpo serrano, a lo que se refiere el Señor no es a la falta de un cuerpo.

Son como ángeles significa no pueden morir. Y cuanto conlleva: no estar atado a las necesidades de subsistencia personales ni a las de la especie –no se casarán–, y gozar de una carne transfigurada, libre de las ataduras de la carne pesada y pecadora.

¿Comer y no engordar? Quizá sea lo menos importante. Besar y no sufrir, conocer y no cansarse, amar y ser amado sin saciarse.

(TOP33S)

La Santa Misa y el Divino Protocolo