Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

17 Noviembre, 2016 – Espiritualidad digital

Unos lloran; otros se afeitan

jesus-lloraEl llanto de Cristo sobre Jerusalén es sobrecogedor. Un Dios que se desmorona hasta las lágrimas ante la deslealtad de sus criaturas es la estampa más terrible del pecado. Vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita.

¿Por qué Nínive, la ciudad podrida, se convirtió ante la predicación de un hombre pequeño y cobarde como Jonás, mientras Jerusalén, la ciudad elegida desde siempre, la niña de los ojos de Dios, no quiso convertirse ni siquiera ante las lágrimas de su Señor?

La respuesta, por desgracia, la recibimos cada día. Acuden al confesonario personas que, ante su pecado, sienten asco de sí mismos y buscan auténtica conversión. Están llenos de barro hasta las cejas, y lo saben. ¡Con qué alegría vuelven a sus casas después de recibir la absolución!

Otros hay, sin embargo, que se creen ya convertidos. A ésos no hay quien los convierta. Si acuden al confesonario, lo hacen como quien va al peluquero. Es, para ellos, cuestión de higiene espiritual. Pero jamás se darán por aludidos ante las lágrimas de Dios. Que se convierta Nínive; ellos sólo tienen que afeitarse.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo