“Evangelio

2 Noviembre, 2016 – Espiritualidad digital

La dulce y oscura puerta de casa

puertaLo malo de la muerte no es morirse. En ese sentido, ya hace muchos siglos que Epicuro dijo que no habría que temer a la muerte porque, mientras estamos aquí, ella no está; y, cuando ella llega, nosotros nos hemos ido.

Lo malo de la muerte son las tinieblas. Las ilusiones que se apagan, los amores que se truncan, los gozos que desaparecen, y el adentrarse en unas sombras empeñadas en no desvelar su secreto a quienes nos acercamos a ellas. Eso es lo malo de la muerte; por eso da miedo.

Que no tiemble vuestro corazón. En la casa de mi Padre

Nada hay más consolador que estas palabras. No aplacan el miedo. ¿Cómo iban a aplacarlo, si quien las pronunció, horas más tarde, se acercaría a la muerte con pavor y angustia? Sin embargo, el hecho de que Dios encarnado, al hablar de la muerte, diga: En la casa de mi Padre, perfuma de paz ese miedo e ilumina los ojos del alma. Tras el último aliento del cristiano está la casa de mi Padre.

El cuerpo sigue temblando. Esa tiritona no nos la van a ahorrar. Pero el corazón descansa. Vamos a casa. Por fin, a casa…

(0211)

La Santa Misa y el Divino Protocolo