Evangelio 2018

23 octubre, 2016 – Espiritualidad digital

Un gol en propia puerta

gol en propia puertaVeinte siglos de literatura cristiana y de predicación han logrado que la palabra «fariseo» se haya convertido en sinónimo de hipócrita. Haremos enfadar a san Pablo, quien se gloriaba de ser en cuanto a la ley, fariseo (Flp 3, 5).

Seamos justos, al menos, con el fariseo de la parábola. Y reconozcámosle algunos méritos: En primer lugar, no dice: «Señor, agradéceme lo bueno que soy», sino: Te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros… Reconoce que, si no ha pecado, no ha sido mérito suyo, sino una gracia recibida de lo Alto. Ya quisiera yo a muchos tan «fariseos» como éste.

Por otro lado, si es verdad que no roba, no comete injusticia, y no comete adulterio, habrá que concederle que muy mal no anda. Tal como está el patio, este hombre se sitúa en la parte alta de la tabla.

Y, dicho esto, porque es verdad, también es verdad que el pobre era idiota. ¿A quién se le ocurre presentarse ante el Médico que todo lo cura y presumir de salud? Es como si fuera uno a confesar, y dijera: «rezo el rosario todos los días». No hay nadie tan tonto, ¿verdad? ¿verdad? ¿verdad?…

(TOC30)

La Santa Misa y el Divino Protocolo