Liber Gomorrhianus

16 Octubre, 2016 – Espiritualidad digital

La única defensa de los pobres

viudaEn los tiempos en que Jesús pronunció su enseñanza, cuando una mujer enviudaba, si no tenía hijos que la recibieran, quedaba indefensa. ¿Cómo iba a protegerse la viuda de la parábola de un adversario más fuerte que ella? Tan sólo le quedaba importunar al juez.

Desde la Ascensión del Señor, el alma se siente viuda. Ha perdido de vista a Cristo, su Esposo, y se siente sola frente al pecado y la muerte. Contempla cómo algunas de sus hermanas, por no hacer frente a esos enemigos, han preferido entregarse a ellos y consolarse con las miserables compensaciones que, a cambio de la vida eterna, ofrecen el mundo, el demonio y la carne. Pero ella, el alma fiel, no quiere renunciar a su tesoro ni olvidar a su Esposo. Por eso clama día y noche ante el Juez: Hazme justicia frente a mi adversario.

Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche? Me pregunto si estás entre ellos. Porque, si no rezas, no puedes vencer al pecado. Pero, si oras siempre, sin desfallecer, ni legiones enteras de demonios podrán arrebatarte tu tesoro. Te harán sufrir, pero no te harán pecar. Y, al final, te salvarás.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo