Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

13 Octubre, 2016 – Espiritualidad digital

A profeta muerto, gloria y honor

gloria-y-honorLa acusación de Jesús está llena de ironía: Edificáis mausoleos a los profetas, a quienes mataron vuestros padres. Ellos los mataron, y vosotros les edificáis mausoleos.

Lo cual supone admitir tres cosas: que el profeta tenía razón, que matarlo fue un crimen, y que honrar a un profeta muerto, que ya no molesta a nadie, es de lo más reconfortante.

Claro. Porque, en vida, el profeta no se hubiera dejado honrar. Se dejó matar, que eso le va bien al profeta. Pero nunca se hubiera dejado honrar, porque quienes te honran son, precisamente, quienes no están dispuestos a obedecerte. Prefieren cumplir contigo cubriéndote de halagos antes que hacer lo que dices.

La solución: matas al profeta, y, cuando estás seguro de que ha muerto del todo, le haces un monumento, le das su nombre a una calle, y lo ensalzas hasta la extenuación. Eso sí: ten cuidado de cambiar a tu antojo su mensaje sin que se note mucho. Como está muerto, no creo que el profeta se queje.

No os parezca extraño. Sucede todos los días. Muchos honran a los santos a quienes matamos a disgustos, y les piden favores por miles. Lo de seguir sus huellas es distinto.

(TOP28J)

La Santa Misa y el Divino Protocolo