Evangelio 2018

12 octubre, 2016 – Espiritualidad digital

¡Mejor!

dichososLa verdadera dicha no es la del cuerpo. Y no voy a menospreciar la dicha del cuerpo, que no soy discípulo de Jansenio. Hoy es fiesta en España, y quien no tenga gripe –como un servidor– hará bien en disfrutar de un sabroso aperitivo y gozar de una comida como la que la fiesta se merece. Las mujeres que se llamen Pilar tienen, además, derecho a tarta de chocolate y siesta de pijama. Repito: la dicha del cuerpo no es ninguna tontería. Lo que ocurre es que dura poco.

Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. La dicha del alma, sin embargo, es para siempre. Si dice el Señor mejor, es porque sabe que la dicha del cuerpo es buena y santa. Pero la del alma es mejor.

La dicha del alma no entra por la boca, como la comida, salvo cuando comulgamos; entonces sí. Pero, durante el resto del día, la dicha del alma entra por el oído, como la fe. Es la palabra de Dios escuchada con reverencia, acariciada en el espíritu, y convertida en señora de la vida por la obediencia. Hágase en mí según tu palabra; he ahí la verdadera dicha.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo