“Evangelio

24 Septiembre, 2016 – Espiritualidad digital

Tú en sus manos, y Él en las tuyas

pastor¡Qué terrible paradoja! Nos sentimos seguros cuando nos sabemos en manos de Dios, y, por eso, muchas veces al día repetimos: «Señor, estoy en tus manos. No permitas que me separe de Ti». O, también, cuando algo nos preocupa, rezamos: «Señor, pongo esto en tus manos», y nos quedamos tranquilos.

Sin embargo, cuando Jesús dice: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, sabemos muy bien lo que quiere decir. En manos de los hombres, Jesús será ultrajado, escupido y crucificado. Y, cuando lo veamos en la Cruz, ¿qué diremos? «¡Oh, Jesús! Yo me puse en tus manos para que me cuidases, y tú te has puesto en las mías y has sido llevado a la muerte. Ahora tus manos, esas manos de las que yo esperaba protección, están llagadas. Aun así, moraré en ellas, habitaré en tus llagas como si fueran cuevas en las que esconderme, y descansaré sabiendo que allí también me guardas en tu Amor».

Tú en sus manos, y Él en las tuyas. Pero recuérdalo cuando comulgues. Ya mucho le has ofendido. Cuando, en la Eucaristía, Jesús vuelva a ponerse en tus manos, ámalo y consuélalo. ¡Hay tantos pecados que reparar!

(TOP25S)

La Santa Misa y el Divino Protocolo