Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

13 Septiembre, 2016 – Espiritualidad digital

Nuestro Dios no entiende de multitudes

viuda de naín    Mientras predicaba unos ejercicios espirituales, una joven me dijo: «Padre, usted no deja de insistir en que Dios nos quiere. Pero, con tantos como somos, no soy capaz de imaginarlo. Pienso que, desde el cielo, Dios mira a la tierra y dice: “Os quiero mucho”. Y yo, que estoy ahí en medio, trato de alcanzar un pedazo de esa frase para guardarlo, pero me resulta muy difícil». Esta joven fue sincera, y gracias a eso acabó conociendo lo que resultaba imposible de asimilar: el Amor de Cristo por cada alma.

    Sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Me llama la atención que es la segunda vez que aparece, en dos líneas, la palabra gentío. Poco antes dice: Caminaban con él sus discípulos, y mucho gentío.

    Pues bien: con gentío por partida doble, los ojos de Jesús se fijan en aquella mujer como si estuviera sola: No llores. Así son los ojos de Dios: a través de sus pupilas no cabe el gentío; esa puerta estrecha es cruzada por cada alma de una en una. Y, cuando Dios dice «Te quiero», dice «Te», nunca «Os».

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