Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

12 Septiembre, 2016 – Espiritualidad digital

La ventaja del centurión

centurión    Aquel buen centurión entendió a Jesús, porque era tierra buena. Estaba educado en las virtudes humanas, y especialmente en la de la obediencia: También yo soy un hombre sometido a una autoridad, y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene. Acostumbrado a esa forma de comportarse, en la que el «yo» se somete a la autoridad del superior, comprendía que el Superior de todos, Dios, ordenase a la enfermedad que se marchara y la enfermedad obedeciera.

    ¡Qué suerte! Porque, hoy, ni los padres ni los maestros (ni los sacerdotes) se atreven a decir «Ve», ya que saben perfectamente que no irá nadie. Decir «Ve» es fascista, y obedecer es humillante y va contra la autoestima. Hay que decir «¿Qué deseas?», porque los deseos del niño sí son órdenes para el padre y para el maestro.

    Hasta que no recuperemos las virtudes humanas, y, entre ellas, la de la obediencia, estaremos incapacitados para recibir a Cristo. No digo que no lo acojamos como amigo, o que no le dejemos postrarse ante nosotros; eso se nos da bastante bien. Digo que no podremos recibirlo como Pastor ni, desde luego, como Redentor.

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