Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

10 Septiembre, 2016 – Espiritualidad digital

La obediencia amorosa

obediencia    Cristo nos redimió ofreciendo por nosotros sacrificio de obediencia, y obedeciendo nos salvaremos también nosotros.

    Obedecer significa negar nuestra voluntad para hacer la voluntad de Dios. Y esa voluntad la conocemos a través de la oración, de la lectura del Evangelio, de la escucha interior al Espíritu Santo, y –muy especialmente– de la dirección espiritual. Allí, el confesor nos propone lo concreto, lo que espera Dios de nosotros en ese momento de nuestras vidas por el que atravesamos. Y debemos obedecerle como a un ángel de Dios, aun cuando lo que nos diga no coincida con nuestro criterio.

    Con todo, la obediencia cristiana no es la de una máquina, que ejecuta sin pensar. Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica… ¿Ves? Primero, nos acercamos libremente al confesor; nadie nos obliga. Y escogemos, libremente, al director espiritual que nos entienda y al que entendamos (no necesariamente al que nos dé la razón). Después, escuchamos, meditamos lo que nos dice, y lo hacemos nuestro. Si no lo entendemos, nos fiamos. Y, en tercer lugar, lo ponemos en práctica para que nuestra vida se conforme en todo al designio divino. Eso es obedecer como obedeció Cristo.

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