“Evangelio

7 Septiembre, 2016 – Espiritualidad digital

La alegría inexplicable de los locos de Dios

Pablo y Silas    Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres y os excluyan, y proscriban vuestro nombre como infame por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

    Me ha acordado de Pablo y Silas. Nos cuentan los Hechos de los Apóstoles que a Pablo y Silas mandaron azotarlos con varas. Después de haberlos molido a palos, los echaron en la cárcel. Hacia la media noche, estaban en oración cantando himnos a Dios. Los presos les escuchaban (Hch 16, 22–23.25). Imagina cómo los mirarían sus compañeros de cautiverio. Porque de dos pobres hombres que han entrado en la cárcel molidos a palos, lo que puedes esperar es que no paren de quejarse y de llorar en toda la noche. Lo último que esperas es que se pongan a cantar.

    No hay mejor testimonio de fe que la alegría en los momentos difíciles. Esa alegría no puede explicarse si no existe una vida eterna, por la que vale la pena entregarlo todo aquí.

    Y no hay peor ejemplo que el que da un cristiano que no para de quejarse en todo el día, incluso cuando las cosas le van bien. Aprende.

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