Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

2 Septiembre, 2016 – Espiritualidad digital

Él ayunó para que nosotros comiéramos

a comer y a beber    Los fariseos le reprochan a Jesús: Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también. En cambio, los tuyos, a comer y a beber. Sin embargo, la vida pública del Señor transcurre entre dos grandes ayunos: el que realizó durante cuarenta días en el desierto y el terrible ayuno de la Cruz, en el que se negó incluso a beber la mirra que le ofrecían para paliar sus dolores.

    Entre ambos ayunos hubo mucha comida, y hubo también bebida. Los ayunos los practicó en solitario; la comida y la bebida, en compañía. Quiso Él llevarse los rigores para que nosotros gozáramos las dulzuras. Él ayunó en el desierto y en la Cruz para que nosotros comiéramos y bebiéramos con Él en la mesa eucarística. ¿Por qué tantos cristianos se privan de la comunión diaria? ¿Por qué ese ayuno voluntario que, ni agrada a Dios, ni aporta gracias al alma?

    Tú, que acompañas cada día al Novio en el banquete, acompáñalo también en su ayuno. Ayuna para que otros coman. Ofrece privaciones voluntarias, unido a Cristo, para que entren al banquete todos aquellos que aún faltan por llegar. La boda no estará completa sin ellos.

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