Evangelio 2018

1 septiembre, 2016 – Espiritualidad digital

Locos de atar

pesca milagrosa    Esta primera pesca milagrosa siempre ha dejado en mi truculenta imaginación una pregunta estúpida: ¿Qué fue de todos aquellos peces?

    Simón no se había visto en su vida en otra como ésa. Después de no pescar ni una sardina en toda la noche, en pleno día, cuando la pesca es mucho menos abundante, obedece a Jesús y consigue una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. ¿No era él pescador? ¿No estaba ante su mayor éxito profesional? ¿No podía haberse convertido en el amo de la lonja al llegar a puerto con semejante captura? ¿No le hubieran felicitado con envidia sus compañeros, y con orgullo sus familiares? ¿No se hubiera pagado una ronda en la taberna de Cafarnaúm en honor a su pericia?

   Nada. De todo esto, en los evangelios, no hay nada. Simón, en lugar de engreírse, se postra, y Jesús le dice: Desde ahora serás pescador de hombres. ¿Y los peces? Ahí se quedaron, como el cántaro de la samaritana.

    No es el primero que se encuentra con Jesús en la cumbre de su vida profesional y decide que ya no quiere nada salvo seguir el Señor. ¡Locos de atar! ¡Maravillosos locos de atar!

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