“Evangelio

31 Agosto, 2016 – Espiritualidad digital

¡Qué maravilloso proyecto de vida!

No lo dejaré escapar    El mismo Jesús pronunció palabras muy duras sobre Cafarnaúm. Esa ciudad, que se volcó con Él cuando allí hizo la mayoría de sus milagros, sin embargo lo abandonó cuando el Señor pronunció el discurso del Pan de vida. Supieron (¡quién no!) ser curados y alimentados, pero no quisieron ser discípulos y aprender con humildad.

    A pesar de todo eso, en las almas de aquellos hombres había una intuición poderosísima y de incalculable valor. Nos cuenta san Lucas que aquella mañana en que Jesús, después de haber curado a los enfermos, salió de allí inadvertidamente, la gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.

    Puede que, al obrar así, no desearan otra cosa sino más milagros, más curaciones y más popularidad. Pero ¡qué gran intuición!, ¡qué gran deseo! ¿Acaso no es una perfecta definición de la vida cristiana? Buscar desesperadamente a Jesús y, una vez encontrado, tratar de retenerlo con todas las fuerzas para que no salga de nuestras vidas. ¿No es eso, precisamente, lo que deseaba la esposa del Cantar: Encontré al amor de mi alma. Lo he abrazado y no lo dejaré escapar (Ct 3, 4)? ¡Qué maravilloso proyecto de vida!

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