“Evangelio

26 Agosto, 2016 – Espiritualidad digital

Esa bendita prisa

prisa    Las prisas no son buenas para nada, salvo para servir a Dios. Los santos han sentido esa urgencia. Quien tiene prisa para servir a Dios, deprisa llegará al Cielo.

    ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro! Y deprisa se levantaron las vírgenes. Entraron las que más prisa tuvieron. Aquéllas que habían dejado para el último momento el suplemento de aceite quedaron fuera.

    ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro! Ojalá lo escuches cada mañana, cuando suena el despertador. Y salgas de la cama inmediatamente, sin ceder un segundo a la pereza, para postrarte en tierra y que el Señor te encuentre en alabanza.

    ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro! Ojalá lo escuches cuando llega la hora de rezar. Y comiences tu oración a la hora en punto. Si, por pereza o desorden, comienzas tu oración con retraso, habrás hecho esperar al Señor.

    ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro! Ojalá lo escuches cuando se acerca la hora de la misa. Y salgas de casa con tiempo, para llegar a la iglesia antes de que la misa comience. No vaya a ser que, un día, por llegar tarde, encuentres las puertas cerradas, como las vírgenes necias.

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