“Evangelio

23 Agosto, 2016 – Espiritualidad digital

Limpia primero…

lavarcopa_gr    Por extraño que parezca, la piedad es compatible con el pecado. Prueba de ellos son los fariseos: rezaban como nadie, y pecaban como todos. Cuando el corazón está sucio, disimular su estiércol recubriéndolo con prácticas piadosas no conduce a la limpieza del corazón, sino a la contaminación de la piedad.

    El «corazón» es lo más íntimo del hombre: intenciones, deseos… los «porqués». Rezas, vas a misa, confiesas, comulgas, practicas innumerables devociones, y todo ello lo haces porque te sientes bien, porque te miran bien, porque buscas favores del cielo o porque vives con paz de espíritu, y eso te gusta. Por eso, a pesar de tu oración, no te has convertido. Tu piedad está sucia, con la suciedad que mana de tu corazón egoísta. Sin embargo, por lo que más quieras, no dejes de rezar.

    Limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera. Haz un buen examen de conciencia, que te lleve a confesar lo que nunca confesaste: tu egoísmo, tu soberbia, tu poca fe, tu vanidad… Si hay que llorar, llora. Después, renuncia ante al sagrario a todo (¡todo!) menos a Dios. Y comienza de nuevo, con un corazón limpio. ¡Ahora sí que rezas!

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