Liber Gomorrhianus

22 Agosto, 2016 – Espiritualidad digital

En buenas manos

virgen de fatima    Cuando el arcángel Gabriel se presenta a María como embajador del cielo, le anuncia que el Hijo que saldrá de sus entrañas será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob por siempre, y su reino no tendrá fin. Suficientes datos para que una mujer versada en la Escritura supiera que estaba refiriéndose al Mesías. Y que, al ser ella la madre de semejante rey, merecería, ante todas las generaciones, el título de Reina Madre.

    Pero el ángel no desveló todo el misterio. Treinta y tres años después, en la cima de un monte, ese Hijo, coronado de espinas, pendería de una cruz bajo la inscripción «Jesús Nazareno, Rey de los judíos». Sobre tan misterioso trono reinaría, no por linaje, sino por conquista. Y, en esa conquista, ella lo acompañaría, recogiendo en su inmaculado corazón el dolor del sacratísimo corazón del Verbo. Allí obtendría el título de Reina Consorte.

    Hace casi cien años, María se apareció en Fátima. Allí dijo: «Al final, mi corazón inmaculado triunfará». Todo un recordatorio para nosotros: aunque parezca que triunfa el mal, estamos en buenas manos. No debemos temer nada.

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