Liber Gomorrhianus

20 agosto, 2016 – Espiritualidad digital

Borrico, sí. Pero no tanto

borrico    Me sorprende cómo hacemos interpretaciones rápidas e interesadas del Evangelio. Leemos cómo Jesús reprocha a los fariseos que les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas. E, inmediatamente, renegamos de la orfebrería en los altares, buscamos sagrarios de corcho y cálices de duralex, tratamos al sacerdote de «Toñito» y acudimos en chándal a misa de 12.

    Jesús no reprocha a los fariseos que reciban ese trato de favor. También Él se dejó ungir por María y agasajar por los Magos. Les reprocha es que «les guste», es decir, que se hayan apropiado de un honor dirigido a Dios. Conviene a la Eucaristía ser agasajada con las mejores galas. Pero si el sacerdote acumulara cálices para él, sería necio y ladrón.

    El presbítero que reprende a quienes lo tratan de «usted» y rechaza a quien le besa la mano como si se tratara de un honor personal es más necio que el borrico sobre el que Jesús entró en Jerusalén. Al fin y al cabo, ni se creció con las alabanzas como si fueran dirigidas a él, ni se le ocurrió mandar callar a quienes ensalzaban a Jesús. Borrico, sí… pero no tanto.

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