Evangelio 2018

11 agosto, 2016 – Espiritualidad digital

Ciegos antes que despiadados

EL SIERVO DESPIADADO    Las personas que no saben perdonar tienen más enfermos los ojos que el corazón. Lo preocupante es que su ceguera, gran parte de las veces, es culpable.

    Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero? Este hombre, cuyo comportamiento ha motivado que la parábola sea conocida como la «del siervo sin entrañas», tras suplicar el perdón de sus deudas, cuando lo obtuvo olvidó quién era y caminaba como un emperador venido a más. No se veía a sí mismo como un criminal indultado por gracia, sino como un héroe de la astucia que con su arte dramática había obtenido la absolución de su crimen. Por eso, cuando encontró al compañero que le debía dinero, fue inmisericorde. Mientras el compañero le suplica, él piensa: «¡No vas a engañarme, que esa treta la inventé yo!». ¡Pobre idiota!

    Quien no sabe perdonar no conoce lo miserable que es, y no repara en la paciencia y misericordia que Dios ha usado con él. Si viera eso, sería compasivo. Pero no lo ve porque no quiere. En el fondo, porque no se soporta a sí mismo. La culpa es toda suya. Tendrá que pagarla.

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