Liber Gomorrhianus

1 agosto, 2016 – Espiritualidad digital

A ti que no te líen

que no te líen    Era tarde, los discípulos estaban cansados, y la gente era mucha. Despide a la multitud –le dijeron al Señor– para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Les faltó añadir: «Ya hemos pasado un buen rato juntos; ahora que cada cual se busque la vida».

    Mírate a ti mismo: has pasado la tarde con un amigo tomando un refresco. Habéis dado un buen repaso a la actualidad, al cine, a la política y a los deportes. Pero ni te has interesado por sus problemas, ni le has contado los tuyos, ni, desde luego, le has hablado de Dios. ¿Para qué meterte en su vida? Y, aunque sabes que tu amigo está sufriendo, han esquivado la conversación, no fuera llorarte en el hombro. Que vayan a las aldeas y se compren de comer. Que se apañe con su vida.

    ¿Y tú te llamas amigo? Evitas la confidencia con la excusa del respeto, pero la verdad es que no quieres que nadie te complique la existencia. Que cada uno coma en su casa… Si puede.

    Anda, recapacita. Mira que tienes un alimento muy valioso y quienes te rodean están hambrientos de Dios. No los esquives. Dadles vosotros de comer.

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