Liber Gomorrhianus

29 Julio, 2016 – Espiritualidad digital

El arte de enfadarse con Dios

Santa Marta    ¿Te has enfadado con Dios alguna vez?

    No te extrañe la pregunta. También los hijos se enfadan de vez en cuando con sus padres, y no por eso los aman menos.

    Marta amaba a Jesús, pero se enfadaba con Él. Mientras María permanecía sentada y ella se deslomaba en la cocina, se enfadó con Jesús por permitir lo que ella veía injusto. Y cuando, tras haber avisado al Señor de que su hermano estaba enfermo, Jesús no llegó hasta tres días después de su muerte, Marta se lo echó en cara. Jesús le prometió la resurrección de su hermano, y ella le respondió con desdén: Sé que resucitará en la resurrección del último día. Es como decir: «¡Largo me lo fiais! ¡Yo quiero a mi hermano aquí, no allí!» Con esta respuesta se delató: la causa de sus enfados era que el Señor le prometía un tesoro en el cielo, mientras ella quería su tesoro en la tierra.

    Por eso nos enfadamos con Dios: porque queremos que nos facilite la vida temporal, mientras Dios permite contrariedades aquí para que aumente allí nuestro tesoro. Y nos cuesta entenderlo.

    Enfadarse con Dios no es malo. Lo malo es creer que llevamos razón.

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